La lluvia cae despacio, como tentándote a pensar que son copos de nieve, para engañarte. Para desanimarte un poco más.
Vas de camino a tu curro de por la tarde. Aquel que te paga minimum wage y que apenas te da para hacer malabares entre alquiler y las visitas a casa.
Manos en los bolsillos, auriculares puestos.
Calado, a pesar de las pocas gotas que siguen bailando a tu alrededor.
Calado por dentro, aún asombrado de cómo este frío cala.
Y entonces llegas al trabajo. Abres la puerta...
Y te encuentras con alguna mueca, un movimiento de cabeza... Y poca o ninguna palabra.
Te encuentras ahí, cara a cara, con la ola de frío de la que hablaban en las noticias.
Ese que de verdad te llega a los huesos.
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